Enfermedad trofoblástica gestacional



La Enfermedad trofoblástica gestacional consiste en tumores derivados del trofoblasto gestacional, motivo por el cual van a tener las mismas propiedades que el trofoblasto fisiológico, es decir: producción de hormonas típicas de la placenta, como B-HCG entre otras, invasión tisular y vascular, y migración a distancia por vía hemática.


Conocimientos adicionales recomendados

Tabla de contenidos

Clasificación

En este concepto se incluyen, desde el punto de vista histológico:

Si no se dispone de diagnóstico histológico la clasificación sería la siguiente:

  • Enfermedad trofoblástica benigna
  • Enfermedad trofoblástica maligna: metastásica o no metastásica.

Frecuencia

Su incidencia varía dependiendo de la localización geográfica, así en los países asiáticos es más frecuente, 1/200 embarazos, con una mayor capacidad de malignización, mientras que en los países occidentales tiene una menor frecuencia, 1/1500 embarazos, y sólo entre el 5-10% precisarán tratamiento posterior por enfermedad trofoblástica persistente o malignización, con una incidencia de 1/15.000 embarazos. Las causas estarían relacionadas con dieta pobre en proteínas, lo que explicaría la alta incidencia en países pobres orientales, de carotenos-vitamina A, de la raza, y alteraciones inmunológicas maternas.


Etiología

Se desconoce la etiología, y parece que hay cierto carácter familiar. Sí se ha observado que hay una cierta relación con la edad, de tal manera que en mujeres mayores de 40 años aumenta la incidencia, en tanto que en mujeres con edad inferior a 20 años la frecuencia es menor, con una menor incidencia de malignizaciones y menos metástasis. Además, existen posibilidades de repetición. Si una mujer tiene una mola, al siguiente embarazo las probabilidades de sufrir otra son del 1-2%, mientras que de experimentar un tercer embarazo, las probabilidades de presentar otra mola ascienden al 25%.


Etiopatogenia

Hay diversas teorías que intentan explicar el origen de la enfermedad trofoblástica. Una de ellas asegura que habría una malformación congénita de la placenta por un fallo en la angiogénesis fetal, por lo que el líquido se acumula en la placenta al no poder pasar al embrión por ausencia de vasos; la otra teoría dice que habría una hiperplasia del trofoblasto con edema secundario que presionaría y atrofiaría los vasos vellositarios.

Tipos

La mola hidatídica es una degeneración hidrópica de las vellosidades, que esta limitada a la cavidad uterina, conservando la estructura de la vellosidad. Hay una degeneración de la placenta con edema y quistificación de las vellosidades, formando hidátides, por lo que toma la apariencia de un gran racimo de uvas. Según Hertig es el producto anormal de una gestación caracterizada por tumefacción y degeneración hidrópica de las vellosidades coriales inmaduras, con ausencia de vascularización y tendencia proliferativa del epitelio de revestimiento. Es una enfermedad localizada benigna, no invasiva ni neoplásica, pero que en ocasiones puede producir una degeneración maligna. La mola completa o total es más frecuente y toda la placenta degenera a tejido molar, es anembrionada con material genético paterno solamente. El cariotipo en más del 90% es 46XX y raramente será XY, tiene una mayor capacidad de malignización; en cambio, en la incompleta o parcial sólo degenera una parte de la placenta, con vellosidades normales y anómalas, puede ser embrionada y en ella existe material genético paterno y materno, casi siempre triploide, 69XXY. Tiene menores tasas de B-HCG y de malignización. La mola invasiva invade la cavidad uterina y/o estructuras vecinas pero continúa conservando la estructura de la vellosidad. Ya en el coriocarcinoma hay un crecimiento invasivo en el que no se reconoce la estructura vellositaria. En el 50% de los casos en los que aparece un coriocarcinoma, la mujer había sufrido una mola. El tumor trofoblástico del lecho placentario es una forma poco común (1%) que puede ocupar endometrio y miometrio. Aparece en el lugar donde estuvo inserto el lecho placentario. Da metástasis tardía y tiene mayor resistencia al tratamiento quimioterápico. La enfermedad trofoblástica maligna puede aparecer tras una mola, un aborto o un embarazo a término y raramente es primario. Puede ser no metastásica o metastásica, y a veces la primera manifestación es una lesión metastásica en vagina o pulmón (sería ya una enfermedad trofoblástica maligna metastásica), también en pelvis, riñón, intestino, cerebro e hígado que es de mal pronóstico. Las metástasis pueden ser de alto (cerebrales) o de bajo riesgo.

Clínica

Tras un periodo de amenorrea, y a partir del segundo mes, hay un aumento de los síntomas subjetivos del embarazo, sobre todo náuseas y vómitos o hiperémesis en un 30%. Hay metrorragias irregulares en el 96% de los casos, en principio de escasa cantidad, pero que se va incrementando. Dicha hemorragia no es continua sino que se repite cada dos o tres días, de color roja o negruzca, que se produce por la ruptura de vasos maternos al separarse las vesículas de la decidua. Ocasionalmente, hay expulsión de restos molares, que lo refiere la paciente como expulsión de vesículas en el 11 % de los casos y que es patognomónico pero aparece tardíamente. También puede presentar mal estado general, dolor difuso en hipogastrio y anemia. Esta última en relación con las metrorragias. Puede haber hipertiroidismo con los signos de ello, como taquicardia, sudoración, y temblores, en el 7%, y es debido a que la fracción B-HCG es similar a la TSH. Existen signos de preeclampsia o hipertensión gestacional del primer trimestre hasta en el 50% de los casos, y signos de insuficiencia respiratoria aguda en el 2% por embolismo pulmonar de las células trofoblásticas, o por la asociación entre hipertiroidismo e HTA. Como complicaciones pueden aparecer coagulopatías y metástasis. A la exploración el útero esta aumentado de tamaño, en el 50% de los casos, por encima de lo que correspondería al tiempo de amenorrea, de consistencia blanda, sin signos de actividad fetal a partir de la semana 12 y siempre que se trate de una mola total. El cuello está cerrado, con metrorragia en cantidad variable, y raramente se observa la expulsión de vesículas. Pueden haber quistes teca-luteínicos en ovario (40%) bilaterales, debido al estímulo de la B-HCG. La enfermedad trofoblástica maligna va a cursar con metrorragias por lo general intensas, hay una elevación de la B-HCG y en la ecografía se objetiva la cavidad uterina con signos de ocupación atípica.


Diagnóstico

Por la clínica, y pruebas complementarias como la determinación de la B-HCG y la ecografía. La determinación de la B-HCG se basa en que el trofoblasto produce la hormona gonadotropina coriónica, presentando cifras elevadas, y su cuantificación va a servir para diagnóstico, valorar el pronóstico, y el seguimiento postratamiento. La ecografía revela un útero aumentado de tamaño que no corresponde con la amenorrea, con ecos en su interior, puntiformes que corresponderían a las vesículas y que asemejan copos de nieve o panal de abeja. No se aprecia saco gestacional ni estructuras fetales y, en ambos ovarios se aprecian quistes teca-luteínicos como formaciones ováricas redondas, econegativas, con múltiples tabiques en su interior.

Tratamiento

Hay que tratar las complicaciones como anemia, hipertensión, y alteraciones electrolíticas, coagulopatías, alteraciones cardio-respiratorias y preeclampsia, procediendo a evacuar la mola lo antes posible, con lo que se producirán menos malignizaciones. Esta evacuación se realiza mediante dilatación, y legrado por aspiración. Además se pauta profilaxis antibiótica y oxitócicos. La histerectomía, con la mola en su interior, esta indicada en pacientes de edad superior a 40 años o en mujeres con más de tres hijos, ya que en ambos grupos se ha demostrado una mayor incidencia de malignización.

Control Postevacuación

  • Tras la evacuación de la mola es preciso realizar controles de B-HCG semanal hasta su negativización, durante tres semanas, y tras esto una vez al mes, los primeros seis meses, y luego cada 2 meses, hasta completar el año.
  • Exploración ginecológica y ecográfica a las 2 semanas tras evacuación y luego cada 3 meses. Durante este periodo será preciso prescribir anticoncepción a la paciente.
  • Radiografía de tórax, a las 2 semanas tras evacuación, a los 6 meses y al año.

Si los controles de B-HCG no se negativizan en 6 semanas o vuelven a ascender estaremos ante una enfermedad trofoblástica persistente o una enfermedad trofoblástica maligna. En ambos casos (enfermedad trofoblástica persistente o una enfermedad trofoblástica maligna) se suele tratar con quimioterapia a base de protocolos que incluyan el Metotrexate y la actinomicina D, alternos. Los resultados de este tratamiento son muy buenos, con una supervivencia del 80% en metástasis de alto riego y del 100% en las de bajo riesgo.

 
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