El óxido de zinc sin tierras raras logra un hito en la conversión de tensión en luz
El dopaje con sodio y los defectos controlados de la red cristalina generan mecanoluminiscencia a presiones tan bajas como unos pocos kilopascales
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Los materiales mecanoluminiscentes convierten la energía mecánica —como la tensión, la deformación y la vibración— directamente en luz, lo que los hace muy interesantes como sensores autoalimentados que no requieren pilas ni cableado. Desde sensores biomédicos hasta sensores de monitorización de infraestructuras autoalimentados, los materiales mecanoluminiscentes tienen una amplia gama de aplicaciones potenciales. Sin embargo, los materiales mecanoluminiscentes de alto rendimiento han dependido tradicionalmente de materiales de tierras raras, caros, o de composiciones materiales complejas.
Ahora, un equipo de investigación liderado por la Universidad de Tohoku, en colaboración con la Universidad de Tsukuba y la Universidad de Saga, ha desarrollado un material de óxido de zinc (ZnO) que presenta una mecanoluminiscencia intensa y altamente sensible sin utilizar ningún elemento de tierras raras.
El material recién desarrollado combina una alta sensibilidad con un bajo coste al utilizar óxido de zinc, un material abundante en la Tierra que ya se encuentra en productos como protectores solares, cosméticos y pomadas.
Los investigadores lograron este rendimiento añadiendo una pequeña cantidad de sodio al óxido de zinc y controlando cuidadosamente los defectos estructurales del material. Según el equipo, esta es la primera demostración de una mecanoluminiscencia fuerte y altamente sensible en el óxido de zinc sin el uso de ningún elemento de tierras raras.
Para comprender por qué el material funciona tan bien, el equipo utilizó microscopía electrónica avanzada y modelización computacional. La microscopía reveló que las partículas poseen una estructura superficial distintiva en forma de cráter que puede convertir eficazmente la fuerza externa en deformación interna. Por su parte, los cálculos de primeros principios realizados con el superordenador MASAMUNE-II —que lleva el nombre del fundador de Sendai, Masamune Date— mostraron que trazas de sodio crean defectos estructurales estables capaces de almacenar temporalmente carga eléctrica.
Los cálculos también revelaron que las vacantes de zinc son las responsables de la emisión de infrarrojo cercano del material. En conjunto, estos defectos estructurales permiten que el material emita luz brillante bajo una presión de tan solo unos pocos kilopascales —aproximadamente la presión que se produce al tocar ligeramente con la yema del dedo—.
Esta alta sensibilidad abre la puerta a una variedad de aplicaciones prácticas. Dado que la luz emitida se encuentra en la región del infrarrojo cercano, que puede penetrar relativamente bien en el tejido biológico, el material podría utilizarse en futuros sensores médicos que funcionen sin fuentes de energía internas. Estos dispositivos podrían activarse desde el exterior del cuerpo mediante vibraciones débiles, como los ultrasonidos.
El material también podría facilitar la monitorización de infraestructuras. Cuando se aplica a puentes, edificios o palas de aerogeneradores, puede permitir visualizar pequeñas deformaciones y signos tempranos de deterioro en forma de luz. Esto podría hacer posible sistemas de monitorización remota que funcionen sin cableado ni fuentes de alimentación específicas.
Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Inglés se puede encontrar aquí.