La crisis estructural de la industria química se agrava: el tiempo para actuar se agota
Quien actúe ahora aumentará sus posibilidades de seguir siendo competitivo en 2040
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La industria química europea lleva años en modo de crisis: entre 2020 y 2025, la tasa de utilización de la capacidad se situó muy por debajo del nivel del período anterior. En los últimos tres años se ha anunciado el cierre o la venta de más de 100 plantas en Europa. Son sobre todo los grupos internacionales los que dan la espalda a Europa, tal y como muestra un nuevo análisis de la consultora Boston Consulting Group (BCG). La razón de este declive radica en graves problemas estructurales. Los elevados costes energéticos, las restricciones de CO₂ y el exceso de capacidad procedente de Asia y Oriente Próximo suponen una carga para las empresas.
Los elevados precios de la energía y la regulación merman la competitividad
Ni siquiera la recuperación a corto plazo del segundo trimestre de 2026 cambia esta situación: las interrupciones en las cadenas de suministro provocaron un aumento de los precios y mejoraron temporalmente la posición competitiva de los productores europeos. «Se trató de un repunte temporal, no de una recuperación estructural. La evolución de los últimos años no se puede revertir», explica Jan Friese, socio sénior y experto en el sector químico de BCG.
Los costes energéticos afectan de forma especialmente notable a la competitividad de las empresas: en 2025, los precios del gas en Europa fueron hasta cuatro veces más altos que en EE. UU. o en Oriente Próximo, y la electricidad costaba el doble que en EE. UU. El precio del CO₂ en el mercado de derechos de emisión de la UE se sitúa hoy en día muy por encima del nivel de años anteriores. Al mismo tiempo, aumenta la presión de las importaciones: la cuota de China en las importaciones de Europa Occidental ha aumentado en los últimos años, lo que puede incrementar la presión sobre los precios.
La necesidad de actuar por parte de la industria química es acuciante
«Las empresas deben actuar ahora. Quien hoy dude, corre el riesgo de verse atrapado en los próximos años entre el aumento de los costes y la creciente presión de las importaciones —un escenario que resulta especialmente grave para Alemania, al ser el centro químico con mayor intensidad energética de Europa», advierte Hubert Schönberger, experto de BCG y coautor del estudio.
Debido a la gran dinámica del mercado, resulta difícil predecir con exactitud cómo evolucionarán las condiciones marco. Los expertos de BCG consideran posibles cuatro escenarios:
1. Regionalización: la seguridad del suministro cobra mayor importancia; la producción se traslada en mayor medida de vuelta a Europa, a pesar de los mayores costes
2. Convergencia de costes: los precios de la energía y las materias primas bajan en Europa, pero el exceso de capacidad a nivel mundial sigue ejerciendo presión sobre los márgenes.
3. Prima ecológica: la demanda de productos con bajas emisiones de carbono crece lo suficientemente rápido como para recompensar a los fabricantes que se diferencian de forma creíble; los productos convencionales se ven sometidos a una mayor presión.
4. Afluencia de importaciones: La presión de las importaciones sigue aumentando; las empresas pierden cuota de mercado y se ven obligadas a reducir su capacidad.
Mantenimiento del valor, consolidación o crecimiento
Cada escenario distribuye el valor y los márgenes de forma diferente. Ninguno de los escenarios conduce automáticamente a un retorno generalizado de la competitividad de la industria química europea. Más bien, las perspectivas variarán significativamente según el segmento: «Los promedios de la cartera pierden relevancia; las decisiones deben tomarse cada vez más segmento por segmento y, en algunos casos, incluso para cada planta individual», explica Friese. En el futuro, las empresas deberán gestionar sus carteras de forma mucho más detallada y evaluar por separado cada división, cada segmento y, en algunos casos, incluso cada planta individual. En los ámbitos que se encuentran en grave peligro, lo que importa en última instancia es la conservación del valor. Esto significa: reducir capacidades, vender activos y recortar los costes de forma drástica.
Allí donde aún se genera beneficio, pero la presión va en aumento, tiene sentido mejorar los márgenes mediante alianzas selectivas y procesos más ágiles. Solo cuando los productos se diferencian claramente de la competencia merece la pena seguir creciendo, invirtiendo en innovación y en nueva capacidad: «Las empresas deben optar por un modelo de negocio —liderazgo en costes, cadena de valor integrada o especialización impulsada por la innovación— y aplicar esta decisión de forma coherente. Quien intente mantener abiertas todas las opciones acabará perdiendo un tiempo del que, en este entorno, ya no se dispone», afirma Friese.
Impulsar medidas «sin remordimientos»
Independientemente del escenario que se produzca, hay medidas que son necesarias en cualquier caso para mantener la viabilidad futura. Entre ellas se incluyen: concentrar la cartera en segmentos fuertes, reducir de forma sistemática la base de costes, asegurar el suministro de materias primas y energía a largo plazo y mejorar los procesos mediante la tecnología digital y la inteligencia artificial.
«Estas medidas no modifican el entorno externo. Sin embargo, en conjunto mejoran la resiliencia y amplían el margen de maniobra estratégico», explica Schönberger.
Nota: Este artículo ha sido traducido utilizando un sistema informático sin intervención humana. LUMITOS ofrece estas traducciones automáticas para presentar una gama más amplia de noticias de actualidad. Como este artículo ha sido traducido con traducción automática, es posible que contenga errores de vocabulario, sintaxis o gramática. El artículo original en Alemán se puede encontrar aquí.